MOVIMIENTO Y SALUD

Movimiento y salud by Laura Marín

El movimiento es salud. Todo el universo está en movimiento. La vida es movimiento. 

 

Nuestro cuerpo está diseñado para moverse. Si nos remontamos al hombre paleolítico éste era cazador- recolector y realizaba un ejercicio moderado para conseguir su alimento, aunque en algunos momentos tenía que ser más intenso para asegurar su supervivencia. La vida ha cambiado mucho desde entonces, pero debemos tener en cuenta que ¡nuestros genes son prácticamente los mismos que hace 2,5 millones de años!

La inactividad física de la vida moderna nos lleva a pasar demasiado tiempo sentados: en el coche, en el trabajo, en la escuela…y esto nos trae consecuencias importantes para la salud.

 

Y es que los beneficios que tiene el ejercicio sobre nuestra salud son realmente asombrosos. Si los concentráramos todos en una poli-píldora esto es lo que conseguiríamos: mayor capacidad de producir energía, reducir la inflamación, mejorar el funcionamiento de nuestras hormonas, mejorar la circulación de la sangre, controlar la glucemia y la tensión arterial, disminuir la ansiedad y la depresión, aumentar la inmunidad, prevenir problemas respiratorios, producirhormonas del bienestar, aumentar la masa muscular y mejorar la postura corporal, reducir el sobrepeso, mejorar la digestión, favorecer a las bacterias “buenas” del intestino.

 

¿Por qué se consigue todo esto? Porque el músculo actúa como un órgano endocrino. Al moverse libera unas sustancias mensajeras llamadas mioquinas que establecen comunicación con otros órganos (cerebro, corazón, intestino, hígado, pulmones…), de manera que tiene efectos repartidos por todo el cuerpo.

 

Una de las relaciones más fascinantes es la del músculo con el cerebro. ¿Sabías que el ejercicio es capaz de cambiar la anatomía del cerebro, su psicología y su función?

Con un solo ejercicio aumentan sustancias que mejoran el estado de ánimo y tu habilidad de adaptación y concentración. Si además lo realizamos de forma regular y prolongada estos efectos perdurarán en el tiempo, y además mejorará la memoria a largo plazo. 

Pero lo más transformador son los efectos protectores que tiene el ejercicio sobre el cerebro. Cuanto más se ejercita el músculo más se ejercita el cerebro y éste se vuelve más grande y fuerte (especialmente dos zonas: la corteza pre-frontal y el hipocampo). De esta manera nos hacemos menos susceptibles a padecer enfermedades como la demencia o el Alzheimer y se retrasa el deterioro cognitivo que sufrimos como parte natural del envejecimiento.

 

¿No te parece increíble todo lo que podemos conseguir moviéndonos? 

Me imagino que ahora te estarás preguntando por dónde empezar. 

Pues bien, no es necesario convertirse en un triatleta. Todo lo contrario. El objetivo es incorporar el ejercicio a tu vida diaria, empezar a ver el mundo como un gimnasio con el objetivo de encontrarte bien.

 

Camina más. Como decía Hipócrates: “Si estás de mal humor, toma una caminata. Y si sigues de mal humor, toma otra caminata.”

 

Por otro lado, la masa muscular nos va a dar la fuerza, tan necesaria para muchos aspectos de la vida. La fuerza en el músculo es muy importante sobre todo de cara a hacernos mayores ya que con la edad se va perdiendo masa muscular, al igual que ocurre con los huesos. La buena noticia es que el músculo tiene memoria. Así que todo lo que hagamos de jóvenes para tener el músculo sano va a repercutir en nuestra vida adulta como un factor de protección. Por lo tanto, te propongo hacer ejercicios de fortalecimiento del músculo. No es necesario ir al gimnasio, también puedes ir a un parque o incluso en casa, utilizando material más especializado (mancuernas o gomas) u otros pesos de la vida cotidiana, incluso tu propio cuerpo. 

 

Parte de las consecuencias de estar mucho tiempo sentados es que vivimos superflexionados. Por eso es importante trabajar la extensión y realizar ejercicios de estiramiento.  La postura corporal influye en nuestra mente y en nuestras emociones. No es el mismo mensaje el que le llega al cerebro si estamos encorvados o encogidos que si estamos expandidos y abiertos, como si los hombros fueran las alas del corazón, fortaleciendo la autoestima y nuestra actitud ante la vida.

 

Por todo ello, te propongo que siempre que puedas hagas un paréntesis para moverte. Y si puede ser al aire libre, ¡mejor!

Puedes centrarlo en la diversión y el juego, bailar, caminar, correr, subir escaleras. 

Trata de adaptar el ejercicio a tu edad, estado de salud y de forma y si necesitas ayuda siempre puedes ponerte en manos de profesionales. 

 

Y no lo olvides: hacer ejercicio siempre te hará sentir mejor.

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